No guardamos
nada.
Y no es una forma de hablar. Es literalmente la razón por la que esta página es tan corta.
Podríamos haber escrito lo de siempre: que ciframos, que cumplimos, que tratamos tus datos con el máximo cuidado. Todo eso lo hacemos con lo poco que sí manejamos. Pero la promesa importante es otra, y es más simple de comprobar: de quien mira el radar, no tenemos nada.
Ni correo, ni teléfono, ni nombre, ni usuario, ni contraseña, ni «entrar con Google», ni «entrar con Apple». No hay perfil, no hay historial, no hay lista de sitios visitados. Abres el radar y ya estás dentro, exactamente igual que quien lo abrió antes que tú. Para nosotros sois indistinguibles, y eso es a propósito.
La tentación existía. La rechazamos con un motivo
Sería fácil justificar lo contrario. Con una cuenta podríamos recordarte tus sitios favoritos. Con tu ubicación podríamos centrarte el mapa solo. Con tu historial podríamos recomendarte «lo que suele gustarte los viernes». Son mejoras reales, y todas las hemos considerado.
El problema es lo que hay que construir por debajo para conseguirlas: una base de datos que sepa que una persona concreta estuvo en un sitio concreto a una hora concreta. En cuanto esa base existe, existe para todo — para un empleado con curiosidad, para un pleito, para un requerimiento, para una empresa que compre la nuestra dentro de cinco años y no comparta nada de esto. Podríamos hacerlo. Elegimos no hacerlo.
Anonimizar no era suficiente
La salida cómoda habría sido guardarlo todo y quitarle el nombre. Se llama anonimizar y suena tranquilizador, pero con datos de movimiento funciona mucho peor de lo que parece: cuatro puntos en el mapa con su hora bastan para señalar a una persona entre millones. Nadie necesita tu nombre si tiene tu rutina.
Por eso el diseño no empieza por «cómo lo anonimizamos» sino por «cómo hacemos para que ese dato no llegue a existir». Es más trabajo y cierra puertas de producto, pero es la única versión que sigue siendo verdad dentro de tres años.
Cómo se cuenta gente sin conocer a nadie
Los sensores que fabricamos —los llamamos FervoRadar— se enchufan en un local o en una plaza y estiman cuántos dispositivos hay alrededor. La pregunta razonable es: ¿y eso no es identificar a la gente?
No, y merece la pena explicar por qué:
- El identificador de cada dispositivo se transforma dentro del propio sensor, antes de guardarse en ninguna parte, con una operación que no tiene vuelta atrás.
- Esa transformación cambia varias veces al día. El mismo teléfono, mañana, ya no produce el mismo resultado — así que no se puede seguir a nadie de un día para otro.
- El sensor no envía la lista. Envía un número: cuántos había. Lo demás se queda dentro y se borra.
- Si hay pocos dispositivos, no se publica ninguna cifra. Con cuatro personas en una terraza, un número exacto ya empieza a hablar de personas concretas.
Dicho de otra manera: el sensor sabe contar y no sabe reconocer. Es la única habilidad que le hemos dado.
Los 30 minutos no son un ajuste: son la arquitectura
Cada lectura del radar caduca a la media hora. No es una promesa de borrado futuro ni una casilla en un panel de administración: es que el radar solo sabe leer lo reciente, y lo viejo deja de contar solo.
Eso tiene una consecuencia que nos gusta: no hay nada acumulado sobre nadie. No existe «el histórico de un usuario» porque no existe el usuario. Y no existe el ambiente de anteayer a las once porque a esa lectura ya se le pasó el arroz.
Lo que sí conservamos, cuando hay bastantes meses por detrás, son totales por zona y franja horaria — cuánto ambiente suele haber en la playa de Oliva un sábado de agosto a las nueve. Ahí ya no hay personas: hay geografía.
Esta web tampoco te está mirando
Habría sido incoherente predicar todo esto y luego cargar tres rastreadores en la portada. Así que esta página no tiene ninguna petición a terceros:
- Cero cookies. Ni propias, ni de nadie. Por eso no verás ese cartel que hay que aceptar.
- Cero analítica. No sabemos cuántos habéis entrado hoy, y se vive bien.
- Cero tipografías de Google. Las letras son las que ya tiene tu dispositivo.
- Cero píxeles de redes sociales, botones de «me gusta» o incrustaciones que espían.
La única excepción declarada son los vídeos. Están alojados en YouTube, así que su reproductor sí es de un tercero y sí sabrá que lo has abierto. Por eso están puestos de una manera concreta: lo que ves antes de pulsar es una portada nuestra, dibujada aquí, y no se conecta con nadie. El reproductor solo aparece —en su versión de privacidad reforzada, sin cookies de seguimiento— si decides darle al play. Mientras no lo hagas, esta web sigue sin hablar con nadie.
Lo que sí tenemos: los clientes
Aquí toca ser igual de claro en la otra dirección. Un local, un artista o un ayuntamiento que quiere publicar en el radar sí nos da datos: un nombre, un correo, a veces un teléfono. Eso es una relación profesional normal y esos datos existen, con nombre y apellidos.
Los usamos para lo que son —darles de alta, mandarles su clave, atenderles y facturarles si algún día hay factura— y no se mezclan con nada del radar público, entre otras cosas porque no hay nada del radar público con lo que mezclarlos. Pueden pedirnos ver, corregir o eliminar lo suyo escribiendo a hola@fervoradar.com.
De la clave que les damos guardamos solo su huella, no la clave. Si la pierden, no se la podemos «recordar»: emitimos otra. Es más incómodo y es lo correcto.
El matiz honesto
Como cualquier web del mundo, la nuestra vive en servidores de terceros que registran peticiones durante un tiempo corto por seguridad y para que la cosa funcione. No lo controlamos nosotros y sería mentira decir que ahí no queda ni un rastro técnico. Lo que sí controlamos es no construir nada encima de eso, no consultarlo para perfilar a nadie y no cruzarlo con el radar.
Preferimos contarlo así, aunque quede menos redondo, que prometer un cero absoluto que ninguna web puede cumplir.
La disciplina de olvidar
Guardar es cómodo. Guardar te deja opciones abiertas, te permite decidir después, te da esa sensación de que algún día ese dato valdrá para algo. Casi todo el mundo guarda por si acaso.
Olvidar, en cambio, hay que diseñarlo a propósito y sostenerlo cada vez que aparece una idea buena que solo funcionaría si guardásemos un poquito más. Nuestro compromiso no es tener una bóveda impenetrable. Es no tener la bóveda.
Responsable del tratamiento: Incubadoo S.L., Oliva (Valencia). Puedes ejercer tus derechos de acceso, rectificación y supresión escribiendo a hola@fervoradar.com — teniendo en cuenta que, si solo usas el radar, lo más probable es que no tengamos absolutamente nada tuyo que enseñarte ni que borrar.